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Historia
Parte 9 |
Yo, la mejor de todas
Victoria I, reina de ese territorio, había asumido el trono en 1837 y durante todo su reinado, finalizado con su muerte en 1901, imprimió un sello particular que dio a ese país las características de su consabida "flema inglesa". Paradójicamente, en una sociedad dirigida por una mujer, el protagonismo masculino era excluyente. La condición femenina, sometida a las exigencias culturales, ocupaba un papel secundario.
Retrato de Herbert Duckworth, madre de Virginia Wolf, realizado en 1867 Dentro de este panorama, un personaje del bello sexo ocupa un espacio muy importante en el mundo de la fotografía. Su nombre: Julia Margareth Cameron. Nacida en Calcuta, territorio perteneciente al Imperio Británico en esa época, en 1815. Se casa con un prestigioso jurista inglés que le brinda una acomodada situación familiar y accede a la fotografía por casualidad, cuando un hijo suyo le obsequia como regalo de cumpleaños una cámara fotográfica. Así, y con casi cincuenta años, Cameron descubre un pasatiempo donde va a volcar toda su pasión y entusiasmo. Su producción fotográfica, basada esencialmente en retratos, denota su enorme sensibilidad y su denodada persistencia de aficionada.
Retrato alegórico de una joven de la sociedad británica Combatida en su época por su particular manera de hacer sus enfoques, nunca se dejó llevar por la crítica y las acusaciones de sus contemporáneos. A sus fotografías les falta luz, pues sólo aplicaba una pobre luz cenital. En su casa de campo montó su estudio fotográfico en un viejo gallinero, y su cuarto oscuro fue un depósito de carbón. La London Photographic Society no la admitió en su academia por considerar que sus encuadres, el aspecto "flou" de sus imágenes y los materiales que utilizaba eran deficientes. Estos detalles constituyen el carácter particular de sus obras. Pero Cameron siguió adelante. Cuando se la censuró por su "fuera de foco", ella respondió: "¿Y quién puede asegurar cuál es el enfoque correcto?". Su elevada posición social y económica le permitió mantenerse fiel a sus principios estéticos con más vehemencia que otros colegas. Sus composiciones alegóricas, propias del gusto romántico de la época, logradas tras perseguir denodadamente a sus retratados (célebres algunos) dan cuenta de la influencia del pictorialismo que en esos momentos se desarrollaba en la pintura. Entre sus modelos preferidos, podemos citar al poeta inglés Alfred Tennyson, al científico Charles Darwin y a Alice Lidle (la musa inspiradora de Lewis Carroll), quienes se sometían a las enormes exigencias que la Sra. Cameron les proponía.
Su nieta Florencia en 1872, según la visión de la Cameron Apasionada
por naturaleza, falleció en 1879 en Ceilán, donde se
retiró a pasar sus últimos años (siempre con
su cámara en la mano), sin que nadie valorase su producción
fotográfica. Mónica Incorvaia E-mail:galac@pinos.com.ar |