Las cámaras fotográficas modernas
funcionan con el principio básico de la cámara oscura.
La luz, que penetra a través de un diminuto orificio o abertura
en el interior de una caja opaca, proyecta una imagen sobre la superficie
opuesta a la de la abertura. Si se le añade una lente, la imagen
adquiere una mayor nitidez y la película hace posible que esta
última se fije. La cámara es el mecanismo a través
del cual la película se expone de una manera controlada. Si bien
existen diferencias estructurales entre ellas, todas las cámaras
modernas se componen de cuatro elementos básicos: el cuerpo,
el obturador, el diafragma y el objetivo (véase Lente). Dentro
del cuerpo se encuentra una pequeña cavidad hermética
a la luz (en latín, camera) donde se aloja la película
para su exposición. También en el cuerpo, al otro lado
de la película y detrás del objetivo, se hallan el diafragma
y el obturador. El objetivo, que se instala en la parte anterior del
cuerpo, es en realidad un conjunto de lentes ópticas de cristal.
Alojado en un anillo metálico o cilindro, permite al fotógrafo
enfocar una imagen sobre la película. El objetivo puede estar
fijo o colocado en un soporte móvil. Los objetos situados a diferentes
distancias de la cámara pueden enfocarse con precisión
al ajustar la distancia entre el objetivo y la película fotográfica.
El diafragma, abertura circular situada detrás del objetivo,
funciona en sincronía con el obturador para dejar pasar la luz
a la cámara oscura. Esta abertura puede ser fija, como en muchas
cámaras para aficionados, o regulable. Los diafragmas regulables
consisten en laminillas de metal o de plástico superpuestas,
que cuando se separan por completo forman una abertura del mismo diámetro
del objetivo, y cuando se cierran dejan un pequeño orificio detrás
del centro del objetivo. Entre la máxima abertura y la mínima,
la escala de diafragmas se corresponde con una clasificación
numérica, llamada f-stops, situada en la cámara o en el
objetivo.
El obturador es un dispositivo mecánico, dotado con un muelle,
que sólo deja pasar la luz a la cámara durante el intervalo
de exposición. La mayoría de las cámaras modernas
poseen obturadores de diafragma o de plano focal. Algunas cámaras
antiguas para aficionados utilizan el obturador de guillotina, que consiste
en una pieza con bisagra que al disparar se abre y expone la película
alrededor de 1/30 de segundo.
En el obturador de diafragma, durante el momento de exposición
un conjunto de hojas solapadas se separan para descubrir la abertura
total del objetivo. El obturador de plano focal consiste en una cortinilla
negra con una ranura horizontal de tamaño variable. Al disparar,
la cortinilla se mueve con rapidez sobre la película, exponiéndola
progresivamente a la luz a medida que la ranura se desplaza.
La mayoría de las cámaras modernas poseen algún
sistema de visión o visor para permitir al fotógrafo contemplar
a través del objetivo de la cámara la escena u objeto
que se desea fotografiar. Las cámaras fotográficas réflex
de un solo objetivo poseen esta característica y casi todas las
cámaras de uso general están dotadas de algún tipo
de sistema de enfoque y de algún mecanismo para desplazar la
película.