La mayoría de las cámaras modernas permiten exposiciones
a velocidades de hasta 1/1.000 segundo. Se pueden conseguir tiempos
de exposición más breves si se ilumina el objeto con un
pequeño destello de luz. En 1931, el ingeniero estadounidense
Harold E. Edgerton desarrolló una lámpara estroboscópica
electrónica con la que consiguió destellos de 1/500.000
segundo, que le permitía fotografiar la trayectoria de una bala.
Mediante una serie de destellos se pueden captar en el mismo fragmento
de película las progresivas fases de objetos en movimiento, tales
como un pájaro volando. La sincronización del destello
del flash y del objeto en movimiento se logra con una célula
fotoeléctrica que acciona la lámpara estroboscópica.
La célula fotoeléctrica actúa al ser iluminada
por el haz de luz, que se interrumpe por el objeto en movimiento tan
pronto como éste entra en el campo visual de la cámara.
Más recientemente se han desarrollado obturadores ultrarrápidos
electro-ópticos y magneto-ópticos que permiten tiempos
de exposición de hasta varios miles de millonésimas de
segundo. Ambos obturadores actúan por el hecho de que en algunos
materiales el nivel de la luz polarizada es alterado bajo la influencia
de un campo magnético o eléctrico. El disparador magneto-óptico
consiste en un cilindro de cristal situado en el interior de una bobina.
A cada lado del cilindro de cristal hay un filtro de polarización.
Ambos filtros están cruzados para que cuando la luz pase a través
del primero se polarice y quede interrumpida por el segundo. Si un pequeño
impulso eléctrico pasa a través de la bobina, el nivel
de polarización de la luz en el cilindro de cristal se alterna
y la luz puede pasar a través del sistema.
El obturador electro-óptico, construido de un modo similar, consiste
en una célula con dos electrodos llena de nitrobenceno que está
situada entre los dos filtros cruzados de polarización. El nivel
de polarización dentro del líquido cambia al recibir un
pequeño impulso eléctrico en los dos electrodos. Los obturadores
electro-ópticos se han utilizado para fotografiar la secuencia
de las diferentes fases en la explosión de una bomba atómica.
El movimiento a alta velocidad puede estudiarse también con la
cinematografía ultrarrápida. Las técnicas convencionales,
en las que fotografías individuales fijas son tomadas en una
secuencia rápida, permiten un máximo de 500 fotogramas
por segundo. Se pueden conseguir hasta un millón de fotos por
segundo al mantener la película fija y usar un espejo alternador
rápido (de hasta 5.000 revoluciones por segundo), que mueve las
imágenes por un orden secuencial. Para frecuencias extremadamente
altas, como mil millones de fotos por segundo, se descartan los métodos
ópticos tradicionales y se utilizan tubos de rayos catódicos.
