La técnica del fotomontaje aparece ya con
los primeros pasos de la fotografía, siendo uno de sus primeros
y grandes ejemplos el sueco Oscar Gustave Rejlander, sobre todo con
su obra de 1857 "Two Ways of Life", que realizó reuniendo
en la copia final más de 30 negativos distintos. También
se utilizó esta técnica durante el siglo XIX para subsanar,
muchas veces con la ayuda de la pintura, los defectos y las limitaciones
de los métodos fotográficos de la época.
A partir de la I Guerra Mundial, el fotomontaje va adquiriendo toda
su importancia como vía de expresión artística.
Es el movimiento Dadá quien utiliza por primera vez este término
para referirse al hecho de recortar u yuxtaponer fragmentos fotográficos
de diversa procedencia (copias propias, recortes de prensa y de revistas)
sin respetar las unidades de textura, de estilo y de espacio. Grandes
figuras de esa época fueron George Grosz, Raoul Hausmann y Hannah
Höch.
Cercano a la anarquía visual dadaísta, el constructivismo
ruso se apropia también del fotomontaje desde una postura mecanicista,
que ya había esbozado el futurismo a través de Arturo
Bragaglia y Carlo Carrà, y llevado después a la práctica
por autores como Mimo Paladino e Ivo Pannaggi. "Las fotos se asocian
como piezas en una cadena de montaje" es una frase de Gustav Klucis
que, como El Lissitzky y Rodchenko, fueron artistas constructivistas
que trabajaron frecuentemente con el fotomontaje. Moholy-Nagy profesor
de la Bauhaus recurre ya desde 1922 al fotomontaje como parte esencial
de su obra, depurándolo en asociación con sus composiciones
geométricas.
Posteriormente, profundizando en los postulados dadaístas, los
surrealistas encontraran en el fotomontaje, en sus dos vertientes de
fotocollage y de técnica fotográfica, un medio ideal para
transmitir ideas como la poesía de los encuentros fortuitos o
ese espacio libre en el interior de una imagen entre lo que se ve y
lo que se comprende. Muchos surrealistas crearon fotomontajes, entre
ellos Raoul Ubac, Max Ernst y Salvador Dalí.
A finales de la década de 1920, con estos antecedentes y el desarrollo
de la imprenta y de las revistas, el fotomontaje adquiere un importante
papel en la transmisión de ideas dentro de un contexto político.
John Heartfield, uno de los mayores fotomontadores de la historia, realiza
durante el periodo de entre guerras un extenso trabajo, conjugando la
precisión de sus collages con los títulos que los acompañan,
lo que da como resultado unas caricaturas políticas de gran impacto.
En España destacaron dos figuras: Nicolás de Lekuona y
Josep Renau. El primero utilizó las innovaciones formales de
las vanguardias, sobre todo el fotomontaje, con una gran creatividad,
truncada por su muerte a principios de la Guerra Civil. El segundo fue
uno de los más prolíficos creadores y teóricos
del cartelismo y del fotomontaje. Desde 1929, fecha de su primera obra,
"El hombre ártico", no dejará de desarrollar
la técnica del collage, tanto en sus carteles en pro de la causa
republicana como en la serie de fotografías titula Fata Morgana
USA, The American Way of Life (1952-1966).