Las cámaras réflex, tanto la SLR como la TLR, están
equipadas con espejos que reflejan en el visor la escena que va a ser
fotografiada. La réflex de doble objetivo tiene forma de caja
con un visor que consiste en una pantalla horizontal de cristal esmerilado
situada en la parte superior de la cámara. Los dos objetivos
están montados verticalmente en el frente de la cámara,
uno sirve como visor y el otro para formar directamente la imagen en
la película. Los objetivos están acoplados, es decir,
que al enfocar uno, el otro lo hace automáticamente. La imagen
que toma el objetivo superior o visor se refleja en la pantalla de enfoque
por medio de un espejo colocado a 45º. El fotógrafo enfoca
la cámara y ajusta la composición mientras mira la pantalla.
La imagen que se forma en el objetivo inferior queda enfocada en la
película situada en la parte trasera de la cámara. Al
igual que las cámaras de visor directo, las TLR tienen algún
error de paralaje.
La cámara SLR utiliza un solo objetivo, tanto para ver la escena
como para hacer la fotografía. Un espejo situado entre el objetivo
y la película refleja la imagen formada por el objetivo a través
de un prisma de cinco caras y la dirige hacia la pantalla de cristal
esmerilado que hay en la parte superior de la cámara. En su momento
se abre el disparador y un muelle retira automáticamente el espejo
de la trayectoria visual entre la película y el objetivo. Gracias
al prisma, la imagen tomada en la película es casi exacta a la
que se ve a través del objetivo de la cámara, sin ningún
error de paralaje. La mayor parte de las SLR son instrumentos de precisión
equipados con obturadores de plano focal. Muchas tienen mecanismos automáticos
para el control de exposición y fotómetros incorporados.
La mayoría de las SLR modernas poseen obturadores electrónicos
y, asimismo, la abertura puede manipularse electrónica o manualmente.
Cada vez son más los fabricantes de cámaras que hacen
las SLR con enfoque automático, innovación que originariamente
era para cámaras de aficionados. La serie Maxxum de Minolta,
la EOS de Canon y la F4 de Nikon, unidad para profesionales, poseen
enfoque automático y son completamente electrónicas. Una
unidad central de proceso (CPU) controla las funciones electrónicas
en estas cámaras. La Maxxum 7000i de Minolta utiliza tarjetas
de software que cuando se introducen en el interior de la cámara
aumentan las posibilidades de la misma.
Las cámaras de enfoque automático llevan componentes electrónicos
y una CPU para medir automáticamente la distancia entre la cámara
y el objeto y determinar el nivel de exposición ideal. La mayoría
de las cámaras de enfoque automático lanzan un haz de
luz infrarrojo o unas ondas ultrasónicas que al rebotar en el
sujeto determinan la distancia y ajustan el enfoque. Algunas cámaras,
como la EOS de Canon y las SLR de Nikon, utilizan sistemas de enfoque
automático pasivo, que en vez de emitir ondas o haces luminosos
regulan automáticamente el enfoque del objetivo hasta que unos
sensores detectan la zona de máximo contraste con una señal
rectangular situada en el centro de la pantalla de enfoque.
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